NORMAS PARA HACER UN TRABAJO EN WORD
1. La investigación:
Si el tema lo elegimos nosotros,
asegurémonos de que sea sobre algo que nos interese y no sobre lo más fácil que
encontremos en la Red. Si el profesor nos da
a tratar un contenido muy específico que no nos gusta, no hay que
desesperar; seguramente podremos encontrar un enfoque mucho más entretenido. El
truco consiste en investigar y, gracias a Google u otros navegadores.
2. Contrastar:
Debemos buscar muy bien sobre el
tema que tratamos y no quedarnos con lo primero que encontremos. Toda la
información que obtengamos de nuestras búsquedas debemos ampliarla y
contrastarla con otros escritos, opiniones, etc. No solo por si algo de lo que
leemos resulta ser falso (que puede ser), sino también porque aportar
diferentes puntos de vista en nuestro trabajo lo enriquecerá y hará que esa
parte obligatoria de «bibliografía», a la que ya llegaremos, no quede
prácticamente en blanco.
3. Organización de ideas:
Un trabajo académico debe tener
un orden impecable. El secreto para tener esa organización meticulosa, consiste
en hacernos preguntas: ¿qué hipótesis quiero defender?, ¿qué textos he
encontrado que puedan contradecir esa hipótesis?, ¿cuáles la apoyan? Y después
de tener todo eso bien claro, ahora solo se trata de escribir una historia que
cuente cómo nuestra hipótesis protagonista nace, a quién se encuentra en el
camino y contra quién lucha o quién la discute; Otra forma de enfocarlo, es
escoger una hipótesis ya formulada y discutirla.
4. La estructura:
Todo buen trabajo académico debe
seguir una simple estructura que también nos ayudará a organizar nuestra
historia y a que la presentación sea la adecuada.
5. Portada:
Una buena portada, además de la
creatividad o gusto estético que queramos poner en ella, cosa que es opcional
pero que siempre hace destacar nuestro trabajo, este debe incluir: el título,
nuestro nombre, el profesor y asignatura para el que se ha hecho, la fecha de
presentación y la universidad o instituto al que asistimos, o se debe tener en
cuenta las normas con las que se pidió el trabajo.
6. Resumen:
Como su propio nombre indica,
debemos resumir en pocas palabras de lo que trata nuestro trabajo. Qué tesis
defenderemos, qué métodos hemos escogido para defenderla y a qué conclusiones
hemos llegado.
7. Índice:
Nos interesa que el profesor
tenga acceso rápido a todas las secciones del texto, porque si esperamos que se
lo lea del tirón, es que no tenemos en cuenta los otros diez mil trabajos que
abarrotan la mesa de su despacho.
8: Introducción:
Tenemos que explicar el porqué de
nuestro trabajo, qué queremos demostrar o contar, a qué áreas involucra y un
resumen de los documentos consultados.
9. Cuerpo del trabajo:
Aquí es cuando contamos todo lo
que queremos dar a conocer : la teoría inicial, qué demuestra, quién o de qué
forma se discute y cómo finalmente se ratifica o se desmonta. Por supuesto todo
dividido en capítulos, numerados, organizados y bien titulados.
Conclusión final
Esta es la parte en la que
narramos el final de la historia. El desenlace de nuestro trabajo y el lugar en
el que damos respuesta a las incógnitas que motivaron la creación del texto. No
nos olvidemos de que el final es una de las partes que más se retienen en la
memoria, así que debemos esforzarnos para que sea una buena guinda que se quede
en la ocupada mente de nuestro profesor, sobre todo cuando se disponga a poner
las notas.
Anexos
Si necesitamos incluir glosarios,
planos, fotos o algún otro material que no nos ha cabido en el cuerpo del
trabajo, este es el sitio.
Bibliografía
Aquí es donde hablamos sobre los
documentos, citas, páginas de Internet o entrevistas, que hemos consultado
durante nuestro trabajo. Y debemos organizarla alfabéticamente o
cronológicamente respecto al trabajo.
Cuidado con los plagios
La herramienta del corta y pega
nos puede dar la falsa sensación de que somos libres de introducir en nuestro
texto los escritos de otros y que nadie tiene por qué enterarse. Pues bien,
nada más lejos de la realidad. El plagio está tan perseguido que ya hay programas
informáticos a disposición de cualquiera (profesores incluidos) que nos ayudan
a encontrar en la Red textos que se aproximen a los nuestros por coincidencias
de palabras. El plagio se considera una falta grave en la universidad y está
sancionada con suspensos e incluso expulsiones, así que antes de lanzarnos como
buitres al control-c, control-v, pensemos lo que nos jugamos y optemos por
citar y trasmitir con nuestras propias palabras aquello que queramos decir. Los
profesores se citan constantemente unos a otros, hagamos lo mismo. Atribuirse
ideas que no son nuestras es bastante sucio.
Redacción y corrección
Sobra decir que cometer errores
ortográficos en un trabajo que vamos a pasar por un corrector (como el de Word
o similar), y que vamos a tener tiempo de revisar, es el error más estúpido que
podríamos cometer; una cosa tan simple desmerecería nuestro trabajo y daría al
traste con el esfuerzo que hemos puesto durante todo el proceso.
Esto hay que repetírselo como un
mantra: debemos revisar las faltas de ortografía.
No todo el mundo escribe igual y
desgraciadamente no todo el mundo escribe bien. Ojalá tuviéramos todas las
mañas de Paul Auster, o la capacidad narrativa e imaginativa de García Márquez,
pero como eso es imposible, tampoco tenemos que desesperarnos. Seguramente
nuestro profesor tampoco tenga un Nobel de literatura. El truco es ser directos
y asertivos: contar lo que queramos de forma simple, sin palabras enrevesadas,
sin demasiados adjetivos y sin tratar de aparentar que somos algo que no somos.
Un texto no gana nada porque lo llenemos de términos incomprensibles y
retóricas cursis. Un texto debe decir lo que quiere decir sin más, desnudo y
sincero, porque en un trabajo académico es más importante lo que se dice que
cómo se dice; es más importante que se entienda a que se sienta, y es mucho más
importante que sea sencillo de leer y fluido a que terminemos emulando a
Lovecraft simplemente para hablar sobre células epiteliales. Así que quitémonos
el miedo a no ser suficientemente cultos y escribamos el trabajo que al
profesor no le cueste leer, porque ese es nuestro mayor objetivo: que no se le
haga pesado, que lo devore rápidamente y que aprecie nuestro esfuerzo para que
se refleje en la nota final.
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